Hay veces en que la vida te da una bofetada. Se suele entender por bofetada un cambio brusco que irrumpe en un momento dado y que puede provocar un cambio radical que para la mayoría de la gente resulta negativo. Ahora bien, la bofetada mencionada aquí desencamina en un sentimiento de felicidad equiparable a la ligereza sentida al hundir delicadamente la parte abultada de una cucharita en una mousse de chocolate casera recién hecha, a lo que sentiría Songoku la primera vez que se subió en la nube amarilla que le regaló el Maestro Muten Roi, o al momento efímero que sucede al clímax alcanzado con el ser más amado.
Esa
bofetada no fue repentina ya que su efecto, al igual que lo que puede
producir la picadura de un insecto, fue propagándose a lo largo de
los días pasados en un chalet de Benidorm, perdido en la montaña,
en el marco de un festival de música “x”; “x” porque el
evento en si solo ofreció el motivo para que se reuniesen todos los
elementos oportunos. Dichos elementos son la mencionada casa, lejos
de Benimierda”, unos caseros que vienen a comer contigo acompañados
de su amiga Sangría y, sobre todo, unas personas que, dicho sea de
paso, son una especie de maquina expendedora de buen rollo que se te
contagia de aquella manera, como si no costase©
(expresión de Alcantarilla), y una banda sonora que quedará como el
sountrack of our lives.
Los súbditos
del reino de la República independiente de la casa del Carrer
Venezuela constituyen una comunidad única en su componente
heterogéneo; esto es, cada cual aporta un toque individual que le da
riqueza a un todo maravilloso comparable a un mundo de flores y arco
iris psicodélico. Ellas y ellos son el trío de docentes en música
con los que los años no pueden y que consiguen transmitir el mismo
brillo que tienen en los ojos a través de canciones guitarreadas y
platos secretos spicy
desconocidos por los más exquisitos chefs, la reina del moño
que pierde la voz pero no el pito, la princesa de Patiño que tiene
el don de desahucio de colchón, la parejita feliz que le pondrá
“Negrita” de nombre a su hija, la reina oriental más
escandinava, la lectora empedernida y alimento preferido de bichos de
todo tipo y la Joss Stone de la Vega Media del Segura.
La no
planificación y la diversidad de carácter pueden constituir un
infierno que pueden resultar en un bodrio de guion. Esta vez, dieron
lugar a una colección de recuerdos (la bofetada) por los que merecería gastar 11
fotos Polaroid para conservarlas en un album de la gente maravillosa
para cuando llegue el día de la panzá de correr© en cuya
portada pondrá: The Beautiful Ones
