Hay ocasiones en las que distanciarse de un lugar solo sirve para que nos demos cuenta hasta qué punto el susodicho se ha apropiado de nuestro corazón y tiende a recordárnoslo. Así Murcia va tomando, con el paso del tiempo, un lugar en el corazón que no acabará de desvanecerse a pesar de las tempestades.
Por cuarto año consecutivo, las Fiestas de Letras, se han hecho desear y no cabía en la mente perdérselas. Tuvieron su momento de tensión originado por los treinta radicales de la CNT, muy valientes ellos, que pusieron piquetes e iban tirando petardos y bombas fétidas con la cabeza encapuchada. A la 1 del medio día, se dio el pistoletazo de salida y el Dj, con gorra SEGA y leggins de leopardo, inició las hostilidades con un vibrante Plug In Baby de Muse dedicado, como no, a Clara. Tras unas horas, las 3,000 personas presentes en el patio de la Merced lo daban prácticamente todo y hubo que despedirse con, una vez más, Born Slippy de Underworld. El Delegado de Facultad agarra el micrófono y grita un “VIVA LAS FIESTAS DE LETRAS” y la plebe sedienta de lujuria y alegría levantina responde “VIVA”. Se agradece a los críos de le la Comisión de Fiestas por ser tan acogedores y sonrientes tras meses de esfuerzo para conseguir que semejante evento siga siendo especial.
A continuación, la ruta anti-siesta, propuso una alternativa a quien no quisiese irse a echar la siesta y ahí es cuando apareció la italiana que roba-corazones, de eso hace mucho tiempo, en todo su arte en Shango. En la Fama Don Simón se auto-invitó y la charla se convirtió en intensa además de ocurrir en italiano. Se ha echado de menos.
Esa misma noche, detrás de la barra, aparecieron viejos camaradas y amigos que iluminaron el corazón a base de sonrisas y abrazos. El Cutty Sark se encargó de iluminar el resto. A continuación se optó por ignorar la fiesta oficial y preferirle el tradicional circuito compuesto por Badulake y Musik. El viaje concluiría en oriente con una sonrisa sin igual que mucho pareció encerrar.
Tras tanta diversión, y recuerdos, en un momento en que la tensión había recaído y las vidas de los estudiante volvían a la realidad de un mundo carcomido por la crisis económica, surgió lo inesperado después de varios encuentros sin premeditar los días anteriores en los cuales todo había parecido detenerse unos segundos. Tras un largo viaje de tres años sin escala en común a pesar de residir en el mismo puerto, Roberto y Natalia se encontraron en una noche fuera del tiempo de la cual solo las estrellas y los caminos oscuros tienen el secreto. Recuérdese para la posteridad un actor de reparto sin brazos, un KIA enorme, el Sandevid de toda la vida y sobre todo, Fran de “El Puntaá” y sus amigos skinheads neonazis.
Murcia es corazón, tierra de paparajotes y lujuria pero ¡qué tierra!
