miércoles, 7 de marzo de 2012

Tirty tree and a tird

Cuando uno despega con rumbo a Dublín no se espera lo mismo que puede aspirar encontrarse al viajar a una ciudad muy turística como puede ser cualquier capital de postal donde algún amigo ha emigrado en búsqueda de un futuro esperanzador. Si se pregunta a un estudiante del montón  qué le evoca Dublín, puede que conteste que se trata de la capital de la República de Irlanda o Eire, país más occidental de Europa y sede de la famosa Guiness. Ahora bien, si el estudiante ha estudiado un poco o se ha interesado simplemente por la historia de la ciudad y del país para ampliar horizontes afirmará que la República de Irlanda no forma parte del Reino Unido de Gran Bretaña (como lo recalcó el chofer de taxi con licencia de guía turística de hecho, aunque no oficialmente, que nos condujo al hostal) desde 1923 cuando tras el “Eastern rising” o alzamiento de pascua de 1916 y una guerra llamada de Independencia seguida de otra civil, se consiguió deshacerse de un yugo inglés viejo de casi 1000 años.

En realidad, la historia de Irlanda es, a primera vista, escasa en comparación con la de Italia u otro país vestigio del imperio romano. Se puede resumir con invasiones vikingas, monjes cristianos que evangelizan Europa, dominación y represión por parte de la corona inglesa, un toque de cultura celta, la presencia de la lengua gaélica como cooficial en el Estado y, sobre todo, varias hambrunas provocadas por un hongo en la patata que constituía, en la época moderna, el principal alimento de las poblaciones irlandesas. Debido a esa crisis de la patata, 1 millón de irlandeses murió y otro millón emigró hacia Estados Unidos de América, Argentina o Australia, entre otros países, constituyendo lo que la historia ha denominado la diáspora irlandesa en paralelo a la hebrea. Irlanda ha sido un país pobre al que la historia ha afligido de terribles golpes cuyas consecuencias se siguen resintiendo hoy en día ya que la población de toda la isla (incluyendo a la de Irlanda del norte) rodea los 6 millones, es decir, 2 millones menos de lo que solía ser antes del trágico episodio de la hambruna ocurrido en la primera mitad del siglo XIX. En pocas palabras, un pueblo diezmado por la hambruna, exprimido por  el vecino potente e imperialista inglés durante siglos y un aislamiento geográfico en Europa podrían explicar a muy grandes rasgos lo que constituye hoy en día el sentimiento irlandés y ese orgullo palpable en cualquier pub de la ciudad atravesada por el río Liffey. Eire, de mayoría católica, pareció vivir un periodo de prosperidad económica en los años 1990 y 2000 con un PIB que crecía cerca del 9% al año hasta que la crisis económica borrara tanto esfuerzo influyendo en la subida del paro pero no en el coste de la vida que, debido a una inflación pre-crisis, convierte a Dublín en una ciudad asquerosamente cara.

Independientemente del aspecto histórico de ese viaje por esa isla europea más adentrada en el océano atlántico, se puede mencionar lo especial de compartir la experiencia con cinco españoles y una chica inglesa con ascendencia irlandesa. Puede que a pesar de que cada uno no lo expresara de la misma manera o se lo callara, la experiencia fue rica; rica en emociones y por levantar algo tan profundo como solo lo puede llegar a hacer ese sentimiento compartido por un pueblo que pocos momentos de alivio y prosperidad ha tenido a lo largo de su existencia sobre este nuestro mundo.

Por último, sería un olvido menospreciable omitir una mención al carácter de los irlandeses que, a pesar de compartir una lengua con sus vecinos británicos (aunque la adapten con un acento rico en personalidad) son muy abiertos y no dudan en lanzar sonrisas en la calle, establecer conversaciones en un pub de Temple Bar (zona de marcha céntrica) o contar anécdotas o bromas en un pub de pescadores en la costa entre pintas de Beamish, caras rojas alcoholizadas a las 5 de la tarde y bigotes blancos. Un último pensamiento para todos los artistas de folk y bandas o guitarristas de leyenda como Thin Lizzy (por fin, la estatua de Phil Lynott), U2 o Rory Gallagher que a través de estatuas o guitarras conmemorativas colgando en las calles dan una visión de lo que ser irlandés significa. TIRTY TREE AND A TIRD!!!